sábado, 27 de agosto de 2011

Qué significa ser un Tambor

Qué significa ser un Tambor
En este cálido y maravilloso mes de septiembre me suele recrudecer el amor que siento por Cochabamba, y no faltan los cuestionarios que me envían del interior, suponiendo que soy un conspicuo valluno, como que nací en Caracota y me crié en las Villas Montenegro y Galindo, de modo que soy caracoteño y villano de pura cepa.

Me preguntan cómo es un cochabambino y prefiero opinar cómo es una cochabambina. Es una mujer sumamente laboriosa y constructiva. Hablo de la chola, naturalmente, que mucho antes del 52 dio muestras de ser dueña de su destino y de sus negocios, al punto que muchas veces su cónyuge se reduce al papel de "respeto de la casa". Augusto Céspedes decía en los 40s que la chola era la única mujer boliviana emancipada económica y sexualmente. Ya D'Orbigny observó que la gente de este valle se caracterizaba por su extrema movilidad, pues viajaban por todo el territorio y aun más lejos de la Audiencia de Charcas llevando productos agrícolas, hilados, tejidos y artesanías. Comenta también que eran sumamente frugales mientras viajaban pero festivos y pródigos a su retorno al valle.

Se suele decir que somos envidiosos, pero no hay el mismo interés en rescatar los profundos lazos de solidaridad que hay en las clases populares. Aquí se ha inventado el pasanaku, que es un préstamo colectivo basado en la buena fe. El parentesco espiritual teje también redes familiares muy extensas y solidarias. Algunos técnicos dicen que en este valle hay mucha estática, es decir, energía negativa. He sugerido que construyamos un arco en el Aeropuerto que diga: Bienvenidos a Cochabamba. No somos como dicen.

Entre nuestros atributos más queridos, la chicha debería merecer una denominación de origen. La cocina debería ser un arte regional de todos los cochabambinos. La clima, como se dice acá, crea un ambiente caricioso y propicio al disfrute de la vida. Deberíamos eliminar la propensión al derribe de árboles. Somos temibles enemigos de los árboles, ya para construir, ya para hacer leña o para convertirlos en dinero. Otra plaga son los tinglados y los pisos de cemento.

EL PRESENTE LIBRO
Este es un libro de lectura fácil y al alcance de todos, dedicado en especial a los estudiantes de Secundaria, que cuenta algunas de las muchas anécdotas que deberían quedar en la memoria de quienes tenemos el privilegio de vivir en la Llajta.
Los textos están ilustrados con abundante material gráfico: fotografías antiguas y desconocidas, etiquetas y avisos publicitarios del pasado y algunos recuerdos gratos y personales del Cronista de la Ciudad.
Como se recordará, el 14 de septiembre de 2010, en la Sesión de Honor del H. Concejo Municipal, fui designado Cronista de la Ciudad de Cochabamba, un cargo ad honorem que consiste en confiarme la memoria de nuestra ciudad para conocerla mejor a través de publicaciones constantes. He vivido junto a cultores de la filosofía del exceso, unos revolucionarios, otros militantes de la buena vida; pero mi misión era otra, era dar cuenta de ello. Salvando distancias entre el talento literario y el coraje del Tambor Mayor José Santos Vargas y el talante modesto de este servidor, ¿qué cosa es un Cronista de la Ciudad sino un Tambor Mayor? ¡Cómo me gustaría que me llamaran Tambor Rocha!
A fines del siglo XIX y principios del siglo XX, la pequeña aldea republicana en que vivían nuestros tatarabuelos es sacudida por la ideología del progreso. En una década a partir de 1908 estrenamos la energía eléctrica y el transporte público en tranvías con la fundación de ELFEC; la telefonía con la línea pionera instalada por Juan de la Cruz Torres, la primera empresa telefónica Peña y Asociados, proceso que culmina en la fundación y fortalecimiento de COMTECO; la Cervecería Taquiña, que está ligada a la presencia de prestigiosos migrantes alemanes en nuestra ciudad; e incluso exploramos napas de petróleo en Kaluyo, como lo testimonia la Compañía “Águila Doble”, de Ramón Rivero y otros visionarios cochabambinos, entre otras empresas. Ese proceso está ligado a un cambio de mentalidad preconizado por personalidades como Juan de la Cruz Torres, Adela Zamudio, Man Cesped, Cesáreo Capriles, Ramón Rivero, Rodolfo Montenegro, Demetrio Canelas, la familia Anaya Arze, Carlos Montenegro y Augusto Céspedes, los cuales protagonizan la lucha por el progreso en el campo de las ideas, defendidas con vigor, como lo testimonia la célebre polémica de Adela Zamudio con Fray Pierini o con buen humor, reflejado en los numerosos periódicos que se fundaron en esta vena.
Sin embargo, hay estructuras profundas que permanecen en el tiempo: el recuerdo de la vida indígena y la vida colonial, el asombro de los primeros viajeros europeos que llegaron a nuestro valle, los fastos de la guerra de la Independencia, los héroes de Junín y Ayacucho, como Pedro Blanco, León Galindo, José Rodríguez y Francisco Suárez (bisabueno de Jorge Luis Borges), que vivieron en la Llajta; la sociedad agraria y apenas urbanizada; las costumbres de la vida campesina; la chicha como protagonista de la democratización de la sociedad oligárquica y del progreso urbano; la vida cotidiana ligada a nuestra condición de Granero de Bolivia; el auge de la gastronomía; la estética valluna basada en la gordura y la prosperidad y algunos personajes populares, representantes de la picardía valluna.
Ramón Rocha Monroy
CRONISTA DE LA CIUDAD

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