sábado, 27 de agosto de 2011

Héroes de Junín y Ayacucho en Cochabamba

Héroes de Junín y Ayacucho en Cochabamba
En Cochabamba vivieron por lo menos cinco héroes de las batallas de Junín y Ayacucho: el general Pedro Blanco Soto, el general León Galindo, el coronel José Rodríguez y el coronel Francisco Suárez, bisabuelo del escritor argentino Jorge Luis Borges y el teniente coronel Manuel Vallejo, de quien sólo tenemos la referencia. De ellos, sólo Pedro Blanco era oriundo de Cochabamba.

EL GENERAL PEDRO BLANCO

El único héroe cochabambino que combatió y aseguró el triunfo del Ejército Libertador en las batallas de Junín y Ayacucho fue el General Pedro Blanco Soto. La inquina histórica, el odio regionalista y faccioso lo han echado al olvido, pero al menos los cochabambinos deberíamos reivindicar su memoria. ¡El único héroe de Junín y Ayacucho y no le rendimos honores!

El episodio está registrado en la Historia del Perú, pues los Húsares de Junín son actualmente el regimiento escolta del Presidente de ese país. Durante la batalla de Junín, el ataque de la caballería realista del general Canterac fue tan contundente, que Bolívar ordenó retirada para reagrupar fuerzas junto a la infantería, que se había apostado en retaguardia. Sin embargo, los Húsares del Perú, comandados por Isidoro Suárez (bisabuelo de Jorge Luis Borges), José Olavarría y el cochabambino Pedro Blanco, se escondieron en uno de los flancos y atacaron con tal ímpetu al enemigo, que el ejército patriota se reagrupó y ganó la batalla. Bolívar los denominó desde entonces Húsares de Junín. Los tres comandantes habían sido formados por el general irlandés William Miller.
Bolívar dijo lo siguiente en el parte de batalla: “S. E. el Libertador, testigo del valor heróico de los bravos que se distinguieron en el dia de ayer, recomienda á la admiracion de la América al señor General Necochea, que se arrojó á las filas enemigas con una impetuosidad heróica, hasta recibir siete heridas, al señor General Miller, que con el primer regimiento del Perú flanqueó al enemigo con mucha habilidad y denuedo: al señor Coronel Carvajal, que con su lanza dio muerte á muchos enemigos: al señor Coronel Silva, que en medio de la confusion del combate rehizo parte de su cuerpo, que estaba en desórden, y rechazó los escuadrones que lo envolvían: al señor Coronel Bruix, que con el Capitán Pringles, algunos oficiales y Granaderos de los Andes, se mantuvo firme en medio de los peligros: al Comandante del primer escuadron del regimiento de caballería de línea del Perú, Suárez, que condujo su cuerpo con la destreza y resolucion que honrarán siempre á los bravos del Perú: al Comandante Sowersby, del segundo escuadron, que gravemente enfermo, se arrojó á las lanzas enemigas hasta recibir una herida: al comandante Blanco, del tercer escuadron (se refiere a Pedro Blanco Soto): al Mayor Olavarría y al Capitán Allende, del primer escuadron del mismo regimiento: al bravo Comandante Medina, Edecan de S. E.: al Capitán Camacaro, de Húsares de Colombia, que con su compañía tomó la espalda de los escuadrones enemigos y les cortó el vuelo de su instantáneo triunfo: á los Capitanes Escobar y Sandoval, de Granaderos; y á los Capitanes Jiménez y Peraza, de Húsares de Colombia: á los Tenientes Segovia y Tapia, y Alférez Lanza, que con el Mayor Braun persiguieron los escuadrones enemigos hasta su infantería.

Meses después, en la batalla de Ayacucho, el ataque intrépido de los Húsares de Junín contribuyó al éxito del general Sucre. Pedro Blanco fue malherido, ascendido a coronel en el campo de batalla, y tuvo que permanecer meses en Huamanga para restablecerse y luego reincorporarse al ejército boliviano.

Durante el gobierno de Sucre, los ánimos de la población crecieron contra la presencia del ejército colombiano, debido a que devoraba la recaudación anual de la nueva República para su manutención. Sucre quería despacharlos al norte, pero los parlamentarios le suplicaban que no lo hiciera, porque pronto la república sería pasto de la ambición de argentinos y peruanos. Un premio de un millón de pesos de plata al Ejército Libertador agravó la situación y puso en serios problemas financieros al gobierno de Sucre. Para colmo, desde el Perú se veía la creación de Bolivia como una maniobra artera de Bolívar y Sucre para debilitar al vecino del sur de la Gran Colombia, y se denunciaba la venta de propiedades fiscales a miembros del Ejército Libertador a bajísimo precio y recibiendo en pago bonos que sólo tenían valor nominal.
Los oficiales que combatieron en el Perú participaban de este ánimo y Pedro Blanco no fue la excepción, como no lo fueron José Ballivián, Mariano Armaza, Manuel Isidoro Belzu y muchos otros. Este ánimo es confirmado por analistas como Casto Rojas y Sabino Pinilla, que reseñaron el recelo concurrente de peruanos, argentinos y bolivianos frente a la presencia del ejército colombiano en Bolivia.
Cuando la Asamblea lo eligió Presidente en diciembre de 1828, se dirigió a Chuquisaca con un Batallón comandado por Ballivián. A su llegada, mientras pronunciaba un mensaje a la Asamblea que lo eligió para pedir la reducción de su sueldo, la suspensión de la leva obligatoria y la reducción de gastos del ejército, entre otras demandas, irrumpió Armaza, que había sido depuesto de la comandancia de Chuquisaca y lo tomó preso. Entretanto Ballivián ingresó subrepticiamente a Sucre con sus hombres, se encargó de vigilarlo en su corto cautiverio y, frente a un intento de liberación del detenido, Blanco fue ultimado al amanecer del 1º de enero de 1829.
Las memorias del general Camba y los partes del general Valdés, del ejército realista, dan cuenta del valor y la bizarría de Blanco, que, como muchos de su generación, fue seducido por el prestigio del ejército del Rey e integró sus filas. El general Valdés, a nombre de Canterac, le regaló una espada de honor por la habilidad con que organizó la retirada frente a fuerzas superiores del Gral. Rudecindo Alvarado y pidió al Virrey su ascenso a teniente coronel, que se hizo efectivo, pero el 19 de enero de 1823 pudo más el amor a la Patria que el aprecio de sus jefes realistas, y se pasó al Ejército Libertador como segundo jefe del escuadrón Húsares.
En abril de 1828 el ejército peruano al mando de Gamarra había invadido el territorio y exigía la renuncia de Sucre. Blanco pidió su retiro a la vida privada, pero el Consejo de Ministros denegó la petición y el Mariscal le escribió el 1º de mayo: “Todos conocen que U. es un hombre honrado i un buen patriota, i todos saben que U. marcha por el orden a los puestos a que le llaman sus servicios. Trabajando por su patria, conservando su alma pura, desprecie las acusaciones i también las ingratitudes, que son por lo común la recompensa que recibimos los mejores, los más fieles i los más celosos servidores”.
Por entonces era irremisible la caída de la política colombiana. Blanco no fue ajeno a ello y fue nombrado comandante en jefe del ejército. Sus hijos dicen que evitó una confrontación con el ejército de Gamarra para que los peruanos no apliquen luego la ley del vencedor. Sólo después se comunicó con Gamarra para exigirle que respete la independencia e integridad de Bolivia. En el ajuste de Piquiza impuesto por el general peruano Agustín Gamarra, uno de los puntos secretos fue su ascenso a brigadier general, que Blanco no aceptó.
La misma fuente dice que no fue Blanco sino el coronel Mariano Armaza, que había integrado las fuerzas invasoras, quien comandó el Escuadrón Lanceros del Perú que tomó preso al Mariscal el 4 de julio. El Congreso Constituyente reunido en agosto de 1828 designó presidente provisorio al Gral. Andrés de Santa Cruz y general en jefe del ejército boliviano a Pedro Blanco, porque era, sin duda alguna, quien más méritos militares tenía hasta entonces. Blanco recibió órdenes de marchar a Santa Cruz a batir al general realista Aguilera. Esa fue su ocupación de agosto a noviembre: marchas y contramarchas a Santa Cruz. No pudo influir en las elecciones de diputados para la Asamblea convencional, que lo designó presidente
A mediados de diciembre, Blanco marchó a Chuquisaca para jurar como Presidente. Pidió la reducción del ejército, una ley de perdón y olvido, instrucciones para acuartelarlos sin gravar a la población civil, evitar la leva obligatoria y un sueldo moderado debido a lo exhausto del Erario. El 31 de diciembre leía esta nota en la Asamblea, cuando irrumpió el coronel Mariano Armaza, que había sido relevado de la comandancia de Chuquisaca, tomó preso a Blanco y lo condujo a La Recoleta. El destino de Blanco quedó en manos de Armaza, Ballivián, Vera, y los oficiales Basilio, Herrera y Castillo, que lo victimaron ante un intento de liberación del prisionero.
Santa Cruz premió a los agentes de Gamarra encumbrándolos a esa falsa aristocracia que lo rodeó durante su gobierno; Gamarra fue general del Ejército de la Confederación. Sin embargo, Pedro Blanco fue la única víctima del encono político de la época.


Sus hijos, Federico y Cleómedes Blanco, publicaron el folleto Rectificaciones para la historia de Bolivia en 1878, para vindicar la memoria de su ilustre padre. En ellos dan cuenta de la extrema pobreza en que quedó la esposa del ex Presidente, doña Ana Ferrufino, hija del patriota que combatió durante 15 años. Estudiaban en el Colegio Sucre, pero tuvieron que trabajar como ayudantes de carpintero. Así los vio don Lucas Mendoza de la Tapia, rector del Colegio, y los redimió. De ese modo, Federico fue un eminente geógrafo y jurisconsulto, y Cleómedes, un médico destacado tanto en el Perú como en Bolivia.
EL GENERAL LEÓN GALINDO
Otro residente ilustre en Cochabamba fue el general colombiano León Galindo (1795-1866), fundador de una familia de larga tradición en Cochabamba. El detalle de sus servicios en el Ejército Libertador es memorable: cayó herido en las batallas de Carabobo y Bomboná, combatió en la batalla de Ayacucho y llegó a Bolivia con Antonio José de Sucre y el Ejército Libertador. Sucre lo designó Prefecto de Potosí y en 1827 fue Jefe de Estado Mayor General del Ejército de Bolivia. En esa condición enfrentó la invasión del ejército peruano comandado por el Presidente Agustín Gamarra en 1828; el jefe del Ejército, el general Pérez de Urdininea, quiso ascenderlo a General, pero Galindo no aceptó porque no llevaba la firma de Sucre.
Había nacido en Vélez, Colombia. A sus 14 años se alistó en el Ejército Libertador. Cuando la invasión de Gamarra, se opuso al Ajuste de Piquiza, acordado con el invasor, y fue borrado de la lista militar y desterrado a la Argentina. Volvió en 1829, se radicó en Cochabamba, donde compró una heredad con los bonos que otorgó el Congreso a los integrantes del Ejército Libertador. Fue munícipe. José Ballivián lo rehabilitó y desde entonces fue varias veces Prefecto y en 1847, nuevamente Jefe de Estado Mayor. Debido a sus vínculos con Ballivián, Belzu lo persiguió con saña y lo exilió al Perú hasta 1854. De retorno en Cochabamba, fue munícipe y Prefecto hasta 1860 en que se retiró. Le afectó el fusilamiento de su hijo Néstor Galindo, ordenada por Melgarejo tras la batalla de La Cantería.
EL CORONEL JOSÉ RODRÍGUEZ
Hay noticia de él en el libro Don Julio, que escribió Julio Rodríguez Rivas en homenaje a su padre, un ilustre médico. Por esas páginas sabemos que nació en Trujillo, Perú, el 19 de marzo de 1808, hijo de Melitón Rodríguez y de Josefa Caballero, españoles. En 1825 llegó a Bolivia en el séquito del Mariscal de Ayacucho. A sus 16 años había combatido en las Batallas de Junín y Ayacucho. Había sido cadete en el Escuadrón de Húsares del Perú, al mando del general argentino Francisco Isidoro Suárez, bisabuelo del escritor Jorge Luis Borges. Como ya sabemos, el Escuadrón fue denominado Húsares de Junín por el propio Libertador, y con ese nuevo nombre combatió en Ayacucho. Rodríguez recibió la medalla de oro con la inscripción “Ayacucho” sujeta con cinta roja y blanca como integrante de uno de los escuadrones que comandaba el general Miller.
A su llegada a Bolivia, Sucre lo comisionó para que tomara contacto con los patriotas cochabambinos, que habían declarado la independencia el 14 de enero de 1825, y les entregara los partes de batalla de Junín y Ayacucho.
Como teniente, participó en las campañas de la Confederación en Yanacocha y Socabaya, y más tarde en Iruya y Montenegro. Fue edecán del Presidente Ballivián y combatió en la batalla de Ingavi.
Su nieto lo describe como un “hombre fornido e imponente que medía más de un metro ochenta y cuatro; ágil guerrero, particularmente diestro en el combate a caballo" y muy estimado por Braun, Ballivián y Linares.
En 1854 secundó un levantamiento del general José María Achá contra el general Jorge Córdova. Éste ocupó Cochabamba y entonces se pudo medir el temple y la reciedumbre del coronel Rodríguez, porque retornó como pudo a Cochabamba y defendió su casa del saqueo efectuado por el populacho.

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