sábado, 27 de agosto de 2011

LA PAX COLONIAL Impresiones de los viajeros

LA PAX COLONIAL
Impresiones de los viajeros
Siempre me ha fascinado imaginar el asombro de los viajeros cuando divisaron desde las alturas el cuenco del valle cochabambino: su verdor, su clima amable, los rumores de vida que se escuchaban allí abajo, los numerosos cursos de agua y, sobre todo, la tipología humana de un sitio bendecido por la producción agraria: hombres y mujeres rotundos y fuertes, alimentados con grano, en medio de una estética dominada por la esfera, porque todo aquí es robusto y esférico: los cántaros, las tutumas, las ollas, los senos, los vientres y la prosperidad de una comunidad próspera y… esférica, producto de una buena alimentación, que se remonta mucho antes de la llegada de los españoles. Así nos vio Alcide d’Orbigny, que recorrió buena parte de Bolivia entre 1826 y 1834 y, no obstante que se queja de las enfermedades endémicas y la falta de higiene en otras comunidades, muestra su complacencia cuando llega a la Llajta:
“Desde la cordillera oriental cayeron de repente mis miradas a algunos millares de pies, sobre los ricos valles de Cochabamba. Qué singular contraste aquel con el de los riscos donde me encontraba” Era la imagen del caos al lado de la más grande tranquilidad: era la naturaleza triste y silenciosa en presencia de la vida más animada. Yo veía pues, en medio de áridas colinas, dos extendidos llanos cultivados y guarnecidos por todas partes de casuchas y bosquecillos, entre los que se distinguían gran número de aldeas, una grande ciudad a la que hacían sobresalir sus edificios como a una reina en medio de sus vasallos. Nada puede efectivamente compararse a la sensación que produce el aspecto de esas llanuras, cubiertas de caseríos, de plantaciones y de cultura. (…) Se creería ver allí la tierra prometida en el seno del desierto.”
“El habitante de Cochabamba, siempre tan dispuesto a divertirse y embriagarse con chicha, es, en los viajes, el hombre más sobrio y sobre todo más económico. Tiene, por encima de todo, un espíritu emprendedor y viajero. (…) Comerciantes por excelencia, a quienes nada les importan las fatigas, hay en todos los caminos, mestizos con sus mulas o con sus asnos cargados de mercaderías, que van a vender a todas partes. Por lo general, sus provisiones consisten entonces en una bolsa de maíz tostado. Se detienen en lugares deshabitados para hacer pacer sus bestias o viven en la ciudad con la más estricta economía, a fin de ahorrar dinero para sus familias, para cuando llegue el momento de compartir los placeres con ellas.”
Y así podríamos citar encomios de nuestro valle pronunciados por viajeros europeos como Mousnier, Thedor Herzog e incluso Fray Francisco Pierini, prior del Convento de Tarata y luego Arzobispo de La Plata, que protagonizó, como veremos, una aguda polémica con la señorita Adela Zamudio.
Sin embargo, ya en esa época, d’Orbigny se quejó de “la gran penuria de agua”, que hasta hoy es un problema serio en nuestro valle, aunque no siempre lo hayamos tomado así, como lo ilustra el verso de Jorge Suárez, que habla precisamente de un viajero europeo en trance de conocer la Llajta:
--Decidme, buen hombre, ¿en este valle
El agua mana?
--Mana, wirakocha, mana.

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